lunes, 28 de junio de 2010

Abrió el marcador con un gol en offside, y luego selló una clara victoria sobre México

Por Juan Manuel González Arzac


Tras un comienzo con tintes de desarrollo enmarañado y con exigencias de amplio esfuerzo, Argentina aprovechó primero un error arbitral que quebró la rutina, para luego ser oportunista y cauteloso, y así sellar el 3 a 1 sobre México que le permitió llegar a cuartos de final. Un paso más en su gran ilusión en Sudáfrica.

La victoria se estableció producto de dos goles de Carlos Tévez y otro del goleador de la competencia, Gonzalo Higuaín; siendo de Javier Hernández el descuento mexicano.

ESCONDIO SUS FICHAS. Cuando se descubrieron las modificaciones que Maradona le iba a aplicar al equipo, su colega, Javier Aguirre, se permitió el silencio y el ocultamiento de su plan estratégico.

Y ese finalmente sorprendió por la inclusión de Adolfo Bautista en compañía ofensiva con Chicharito Hernández y Giovani Dos Santos, lo que produjo un duelo hombre a hombre ante los defensores argentinos, donde Martín Demichelis quedaba en libertad. En tanto, Andrés Guardado también tuvo su lugar a espaldas de Maxi Rodríguez y fue por allí donde más complicaciones vio Argentina al comienzo.

Porque la estructura defensiva que diseñó Diego con cuatro centrales se implantó con justeza y autoridad, entonces fue el tiro de media distancia el recurso del oponente que mayores problemas despertó. Prueba de ello fue el intento de Salcido, primero, y a los 8 minutos, con un derechazo desde casi 35 metros que hizo resonar el travesaño; y sólo 30 segundo después tuvo su turno Guardado, quien, con la cara externa del pie diestro, buscó colocar la pelota junto al palo derecho y, pese al desvío, eso despertó la atención de Argentina.

Si bien Rafa Márquez se ubicó detrás de Gerardo Torrado con el propósito de escalonar la marca sobre Lionel Messi, fueron las sistemáticas infracciones los mecanismos que utilizó el Tri para frenar no sólo los avances del enlace sino todo tipo de intención ofensiva albiceleste. De hecho, en el primer tiempo concluyó con 14 faltas (terminó con 26), cuando Argentina sólo cometió 4 (11).

Presión continua (sobre todo por parte de México), imperfección en los pases (más del lado argentino), estudio de estrategias, ínfimas intervenciones sobre las áreas, desarrollo rutinario. Y fue un equívoco en sociedad entre el árbitro italiano Roberto Rosetti y el línea número dos, Stefano Ayroldi, el que acabó con esa monotonía: porque Messi encontró espacios para asistir a Tévez con un pase entre líneas, y tras un serie de acciones divididas (Pérez quiso bloquear y Lio picó la pelota con destino de gol), apareció Carlitos y, de cabeza, abrió la cuenta a los 25’ pese a estar en evidente posición adelantada.

¡Ay! En plena confusión por ver frustrada la planificación por la seria incidencia del árbitro, Ricardo Osorio cometió un grosero error al salir jugando desde el fondo, y un tan oportunista como talentoso Higuaín no lo perdonó: tomó la pelota, resistió el empujón del defensor y dejó arrodillado al arquero Pérez al pisarle el balón con su pierna derecha y definir de zurda. Y así, en casi media hora de juego, Argentina encontró oro fácil en un lugar donde la realidad indicaba extremo sacrificio.

Los quince minutos finales del tiempo inicial tuvieron como dominador al equipo sudamericano, que pudo hacer que la diferencia numérica se hiciera inalcanzable para el rival si Pérez no obstruía un disparo de Di María o si Pipita hubiera conectado de cabeza un centro justo de Otamendi. Posibilidades propias pero también nulidad de acciones del oponente, el cual siguió con tiros lejanos como exclusivo elemento de ataque.

Por eso el Vasco Aguirre reacomodó la estructura del Tri incluyendo al hábil Pablo Barrera por el intrascendente Bofo Bautista, pero Argentina se encontró con un bombazo que volvió a bloquear los propósitos de México. Porque a los 6 minutos del complemento Tévez clavó un derechazo categórico y el 3 a 0 ya se marcaba como un final irremediable.

Más aún después de que el equipo albiceleste tomara excesivos recaudos defensivos utilizando el repliegue de sus líneas como metodología. En tanto México ya contaba con cuatro delanteros, pero ni el modo colectivo (centros) ni las individualidades (¿Dos Santos?) invitaban a suponer un repunte, a excepción de Chicharito Hernández, quien pivoteó delante de Demichelis metiéndose en el área y un disparo alto y fortísimo determinó el 3 a 1 final.

Máximo provecho de los errores ajenos e inteligencia para sobrellevar el resto del tiempo de juego, fueron las virtudes de Argentina para pasar el obstáculo de México con autoridad y así pensar en Alemania, rival en cuartos de final, como el próximo paso a dar para alimentar el gran sueño.

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