viernes, 18 de junio de 2010

Distintas caras de una misma expresión

Por Juan Manuel González Arzac

Así como ante Nigeria Diego Maradona mostró sus credenciales y ofreció una contraposición a los tan afamados juicios previos, también con Corea del Sur supo transmitir un mensaje conceptual interesante, tanto por lo audaz como por lo efectivo y determinante.


Cerca del 5 de septiembre de 2009, Maradona definía a Dunga como técnico resaltando las virtudes de éste como jugador llevadas a su nueva función. Y simplificó el desempeño de Brasil bajo esos preceptos. Después sobrevino la inesperada derrota por 3 a 1 en Rosario, pero aun así, Diego reafirmó su visión indicando cómo había jugado la verdeamarelha: disciplinada, especuladora, contundente.

Tras varios meses de ensayo y error, Sudáfrica se ha planteado como el contexto para fijar la identidad de Maradona como técnico.

Allí, en la cita máxima, casi en otro desafío premeditado en la vida del 10, Diego dio pruebas fehacientes de qué pretende que su equipo exprese sobre el rectángulo verde: convicción, optimismo, audacia y transgresión (Jonás como lateral derecho; Samuel metiendo la pantalla para la entrada de Heinze en el gol ante Nigeria). Algo así como el Maradona jugador...

En el primer cotejo exhibió sus cartas como técnico, siendo unas absolutamente distintas a las que se presumía que tenía. Y para colmo, con as bajo la manga.

Planificación. Eso es lo que ha demostrado tener Diego desde su estadía en Pretoria. Siendo la versatilidad en el aprovechamiento de la pelota detenida un elemento insospechado en su haber.

Mostró que tiene una idea y que sabe cómo aplicarla, que el mimo sobre “sus” jugadores le permite sacarles algo más, un plus, y que lo que tiene en mente es lo que hay delante de los ojos del mundo, ni más ni menos, saliendo bien o saliendo mal. Un Maradona auténtico.

Su cerebro dentro de la cancha no pudo presentarse en el segundo partido. ¿Y ahora? Con ese rótulo sobre el lomo de Verón no quedaban dudas de que el equipo sentiría su ausencia. Se pensó en Bolatti, también en Pastore y hasta en Burdisso para que Jonás vuelva al medio y se solucione así un doble problema.

No.

Él metió a Maxi Rodríguez, confió en el Galgo lateral y respaldó a los cuestionados por el bajo rendimiento del debut: Higuaín y Di María. Otra vez la incertidumbre. Con un primer tiempo como lo mejor del equipo, Tiki Tiki sepultó las dudas. Pipita metió el primero, suficiente, pero su bronca la capitalizó en un hattrick como para no salir más.

Dos a uno. Faltan 15’. Otra vez el arquero rival agigantándose minuto a minuto. Se siente el desgaste de ser el protagonista. No se puede perder. Elementos más que sustanciosos para meter no sólo a Bolatti sino ya a Otamendi para cerrar el fondo con línea de cuatro centrales.

No.

Él se decidió por Agüero en lugar de Tévez, reafirmando que percibe el cansancio pero ni aún así cederá ni cuali ni cuantitativamente en ofensiva. Y fue el Kun el que entendió las pretensiones de Messi para rubricar un triunfo inobjetable. Para ponerle al rendimiento superador de una muestra a la otra, las cifras que merecía por ambos capítulos.

Podría haber empatado Nigeria. Podría haber empatado Corea. Pero ninguno lo hizo. Siempre ganó Argentina. Por reconocidas virtudes propias que potenciaron los defectos del rival, y con un plan para cada momento aunque con una calcada señal. Distintas caras de una misma expresión.

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