domingo, 13 de junio de 2010

Miradas sobre un mismo debut

La joya del abuelo (Federico Cejas)

De repente, y mientras los jugadores de la selección nacional realizaban la entrada en calor en el campo de juego, sobre una tribuna cercana apareció: tez blanca, radiante y plena de poros inmaduros, recién echados al ruedo; reposaba en su sesera una especie de pelo-peluca tremendamente oscuro que resaltaba aún más sus tersos cachetes. Enmarañado entre madre y tía yacía Benjamín, dotado de una cantidad inusitada de genes prodigiosos en relación al mundo redondo, repartidos en gran parte por el abuelo y en otro tanto por su propio padre.

Diego, endulzado por esa presencia esperanzadora, quedó mano a mano con el pebete, apenas separado por unos metros. Una distancia mínima y eterna. Ahí, a la vista de todos, le prodigó su amor en palabras, en gestos. Benja, del otro lado, apenas reconocía al abuelo.

Finalizados los 90 minutos más importantes de su carrera como técnico, Maradona volvió a flaquear. Ante la mirada inquisidora del mundo, porque no existe en el planeta quien no juzgue sus actos, se hundió en un abrazo paternal y eterno con él, a quien resguardó en su regazo en cada práctica, en cada decisión.

Éste realizó sus regates con su tez blanca, tersa y ese pelo-peluca castaño que encuadran su incompleta madurez temporal. De repente, y mientras el pueblo argentino festejaba una victoria complicada, Diego, endulzado por su presencia esperanzadora, supo que a pesar de contar con un gran equipo es Messi, el benjamín, en quien se cimentan las esperanzas del más grande de todos los tiempos de poder levantar su segunda Copa.

Así Jonás, no (Mauro Bolatti)

Pocas cosas para destacar, de las buenas y las malas, me dejó el debut de Argentina en el Mundial de Sudáfrica. Messi lo mejor, creo que sin discusión, y Jonás Gutiérrez lo más flojo, lo más preocupante. Y aquí pongo mi acento particular.

Mucho se habló en la previa sobre el sector derecho de la defensa del equipo y las alternativas que Maradona tenía en su cabeza para esta presentación frente a los nigerianos. Que Jonás, que Burdisso, que una línea de tres mentirosa…

En la semana se confirmó la presencia del ex Vélez y Mallorca y con esto se multiplicaron las dudas.

No me gustó para nada la función del Galgo. Para jugar así, sin tener protagonismo en ofensiva y sin pasar ni siquiera una vez la mitad de cancha, adentro Nicolás Burdisso.

Durante todo el partido se notó lo incómodo que estuvo el jugador del Newcastle en esta posición.

Llegó a destiempo en casi todas las jugadas y sufrió muchísimo con los pelotazos aéreos cruzados. No lo pagó caro por las propias impericias de los africanos, sino…

A falta de cinco minutos para el final entró el defensor de la Roma y se clausuró el lateral derecho. Jonás pasó al mediocampo y en ese tiempo tuvo mucha más preponderancia que durante los anteriores 85 minutos de juego.

Por todo esto, si para Diego el Galgo es titular, que sea en el mediocampo. Sino, Burdisso debe ser el lateral derecho del equipo.


El estilo Maradona (Joaquín Sánchez)

Mucho se lo ha castigado a Diego Maradona en este aprendizaje infitino que es ser técnico. Él lo ha hecho a su estilo, con sus modos de ser y de vivir el fútbol. Fuera de los manuales. Qué más se podía esperar de él.

En el partido más trascendente de su corta historia carrera como entrenador, se lo pudo ver motivado y motivando.

En la entrada en calor de la Selección en el campo de juego del Ellis Park, Diego se movía de un lado a otro, repartiendo indicaciones, como un futbolista que no dejó de ser y como un técnico incipiente que quiere estar en los últimos detalles.

Con gesto adusto y su mano moviéndose de aquí a allá, se acercó a Verón que se movía junto a Mascherano, y les señaló la mitad de cancha; después hizo lo mismo con Heinze, y las recomendaciones siguieron con Samuel,y así hasta con Romero. Pero el gesto paternal llegó con quien está llamado a ser su heredero (no su fiel copia, distintos pero iguales) para el Seleccionado: Lionel Messi. Lo tomó de atrás, puso sus manos en los hombros de la Pulga, y lo masajeó para quitarle tensiones y generarle confianza. Le dio resultado. Messi la rompió. Y cómo no va a llegarle a los jugadores si es Maradona. Si él está lúcido, lo que transmite no tiene medida con cualquier otro técnico en el planeta.

Una doble ilusión (Máximo Randrup)

Más allá del rendimiento colectivo e individual que evidenció el seleccionado argentino en el debut en el Mundial de Sudáfrica 2010, hay una sociedad que puede ser muy beneficiosa para el conjunto de Diego Maradona: la que conforman Javier Mascherano y Juan Sebastián Verón en la mitad de la cancha.

Los volantes centrales demostraron que, entre los dos, están en condiciones de cumplir todas las funciones que resultan vitales en la zona media del campo. Marca, presión, despliegue y juego son conceptos que no son ajenos a esta dupla que mostraron entendimiento.

Masche, como se preveía, fue el mediocampista que se ubicó más retrasado y que basó su juego en la recuperación del balón. La Brujita, quien pareció sentirse a gusto al lado de un futbolista de características similares a Rodrigo Braña (su compañero en Estudiantes), fue el hombre encargado de la distribución, la pieza encargada de acercarle la pelota de manera limpia para que Lionel Messi creara.

La primera evaluación de estos dos volantes no sólo es positiva sino que demostraron que son, junto a Messi, los ejes de esta selección argentina.

El doble cinco de Diego provoca una doble ilusión: eficacia y buen juego.

Y… sí, Diego, es Messi y diez más (Luis Rivera)

Tanto hincha argento eternamente disconforme con la vida (y por propiedad transitiva con el fútbol) tendrá que repasar mentalmente este debut mundialista para no pedir más que Lionel Messi, el mejor jugador argentino de la historia en un mano a mano interminable con Maradona, se ponga a la Selección al hombro.

Que no haya hecho goles en este partido no puede empañar una actuación consagratoria y digna de los grandes campeones: Lio hizo todo lo que debía hacer, lo que habitualmente hace, lo que todos esperaban que hiciera.

Y fue figura. De punta a punta del partido. Gambeteando rivales como si fueran estacas, corriendo sobre el césped como si en realidad volara, buscando los ángulos del arco rival como un billarista exquisito capaz de realizar la carambola más difícil.

Messi fue el jugador que es. Ni más ni menos. El que se subió a la cima del mundo con esa camiseta ajena al sentimiento nacional que es azul y bordó, y que semana a semana le permite ser el mejor entre muchos muy buenos.

Podrán decir que consagración es otra cosa, otro rival, otro desafío, otra instancia.

Justamente eso valoriza lo hecho ayer por Lio.

La lección la aprendió Maradona mucho antes que el común de los mortales: esta Selección es Messi y diez más.

Basta de Mascherano, Jonás, Verón o el que fuera, y diez más.

Desde ayer, la Selección es Messi y diez más. Como cuando ese hombre de mil batallas en el lomo que lo lleva del hombro como a un hijo jugaba y era él y diez más. ¿No es cierto, Diego?

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